Hoy mi tierra sufre, Extremadura arde. El incendio de Jarilla, en el norte de nuestra provincia, ha superado las 11 000 hectáreas, un perímetro de 130 km, y avanza implacable hacia Castilla y León, con Hervás y La Garganta confinados o evacuados.
Pero no estás solo. El resto de focos en Alburquerque, Membrío, Cabezabellosa, Cáceres-Aliseda o Casar de Cáceres comienzan a estabilizarse.
Y mientras el fuego amenaza hogares y bosques, la gente lucha en primera línea. Vecinos que vuelven a casa entre cenizas, profesionales que trabajan sin descanso, familias que esperan con el corazón en la garganta. Y muchos encuentran fuerzas para reconstruir, cuidar, sostener, aún con el humo clavado en sus recuerdos.
Un abrazo enorme a quienes lo están perdiendo todo (o parte)
Con esta entrada quiero hacer una pausa. Hoy no escribo sobre lo que me sucede, sino que tomo un momento para:
Aplaudir la valentía de quienes están resistiendo. Acompañar con mi escritura a quienes ahora sienten que ya no pueden más. Recordar que somos comunidad, que Extremadura no se quema sola.
Cualquier gesto cuenta: ofrecer refugio, compartir comida, un abrazo, un mensaje, impulso o memoria de cuidado. Porque las fronteras se reconstruyen con manos, esperanzas y conversaciones sencillas.
Y si estás leyendo esto y aún estás entre humo o evacuado, quiero que sepas que esa llama que te mantiene erguido, esa fuerza que hoy parece mínima… es luz. Te llega acompañada, desde muy cerca, desde la empatía compartida, desde la certeza de que volveremos a respirar profundo en esta tierra que tanto queremos.
Continuará…
Deja un comentario