922. ¿Odiarte yo? Nah…

By

S, me encantaría poder explicarte esto desde mi corazón pero hay cosas que a pesar de todo el trabajo que llevo haciendo este último año aún soy incapaz de decir a determinadas personas y, obviamente, eres una de ellas y con mucho, a la que más me cuesta aunque sé que no debería ser así, porque no hay nada más que pueda perder contigo.

¿Odiarte yo? Nah…

El odio nunca estuvo en mi lista cuando se trataba de ti.

A ti te regalé lo que no le di a nadie: mi tiempo, mi calma, mis desvelos…

Te aconsejé esos momentos en que no querías escuchar a nadie, te arranqué sonrisas de donde ya no quedaban, te quise más que a mí mismo, y hasta me intenté enfrentar a tus demonios mientras los míos me devoraban por dentro.

Te di lo mejor que tenía, te mostré partes de mí que llevaban media vida escondidos y guardados bajo llave.

Me convertí en tu escudo, en tu refugio, en una excusa que evitaba que cayeras.

Te tendí mi mano mientras mi mundo se derrumbaba, y aún así procuré sostenerte.

Dejé de ser mi prioridad porque tú lo eras todo.

Y aun así, me soltaste.

Me invitaste a irme con un gesto seco, me cambiaste sin pestañear, como quien cambia de acera para no mancharse los zapatos.

Y no, no hay odio.

Lo que hay es cicatriz.

Lo que hay es el eco de un vacío que no merecía, la certeza amarga de que nunca fui suficiente para alguien que lo tuvo todo de mí.

Me perdiste.

No porque yo quisiera, sino porque tú lo decidiste.

Y aunque me duela reconocerlo, aunque me queme la garganta tragármelo, aún hoy, después de todo, te deseo la felicidad que conmigo no quisiste sostener.

Pero esta vez… ya no seré yo quien la busque por ti.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario