923. Llegar tarde a lo que importaba

By

Hubo un tiempo en el que me callé lo que sentía.

No porque no lo llevara dentro, sino porque no sabía cómo sacarlo.

Me escondí detrás de mis silencios, convencido de que protegía, cuando en realidad solo alejaba.

Ella necesitaba mis palabras, mis miedos, mi verdad.

Pero yo no supe, no pude, no encontré la forma.

Y en ese hueco que dejé, poco a poco se fue desgastando lo que teníamos.

Después trabajé, me esforcé, me enfrenté a mis propios muros.

Aprendí a abrirme, a decir, a mostrar sin miedo.

Lo logré, sí… pero demasiado tarde.

Cuando al fin tuve voz, ella ya no estaba.

Ese fue mi dolor más grande: no que se marchara, sino haber comprendido mi error cuando ya no quedaba tiempo de corregirlo.

Hoy lo miro desde otro lugar.

Ya no es una herida que sangra, es una cicatriz que me recuerda lo que no debo repetir.

Porque entendí que amar no es callar, ni esconderse, ni posponer lo que arde dentro.

Amar es hablar a tiempo.

Y yo llegué tarde.

Pero ese aprendizaje no se perdió.

Ahora sé quién soy, sé lo que siento y sé decirlo.

He aprendido que abrirme no me debilita, me libera.

Y si algún día vuelvo a tener delante un corazón dispuesto a caminar conmigo, ya no encontrará a un hombre que calla… sino a uno que aprendió, a fuego y dolor, que la voz del alma nunca puede llegar tarde otra vez.


“A veces el mayor dolor no está en lo que se perdió, sino en lo que por fin se aprendió. Y desde ahí, aunque cueste, siempre se puede volver a empezar.”

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario