Se nota el cansancio en los ojos, y a veces también en el alma. No hace falta ocultarlo: hay días en los que pesa demasiado y parece que ya no queda nada más que dar. Pero aun así… dale, porque puedes. Porque siempre has podido. Porque incluso cuando te has sentido al borde del límite, has seguido caminando.
No es cuestión de fuerza infinita, sino de determinación. La que te recuerda que no se trata de ganar todas las batallas en un solo día, sino de dar el siguiente paso aunque tiemble el suelo.
Y también de aprender otra lección: saber estar solo, esperar con calma lo que mereces, no es rendirse. Es trabajar en ti mismo. Es crecer en silencio, reforzar tus raíces para que cuando llegue lo que buscas —y lo que mereces— te encuentre listo, firme y en paz contigo mismo.
Porque el cansancio se nota, sí, pero también se nota cuando eliges seguir. Y en esa elección, aunque pese, también se esconde tu victoria.
“A veces crecer no es avanzar deprisa, sino sostenerse en pie, aun cansado, con la calma de saber que lo merecido siempre llega.”
Continuará…
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