937. Lo que espero del futuro

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Quinta entrada de la serie: De la herida a la esperanza.

Si algo me ha enseñado este año es que no se puede vivir mirando siempre hacia atrás. El pasado duele, pesa y a veces se convierte en una sombra que amenaza con tragárselo todo. Pero no quiero que mi historia quede anclada en lo que perdí, sino en lo que aún me queda por vivir.

Hoy, cuando pienso en el futuro, no lo imagino como un destino perfecto ni como una promesa de que nunca más me dolerá. Lo imagino como un camino abierto, lleno de posibilidades. Porque lo que espero no es que la vida me devuelva lo que me arrebató, sino que me regale nuevas formas de sentir, de crecer y de sonreír.

Espero un amor diferente, no porque niegue lo que viví, sino porque aprendí a no conformarme con migajas. Espero una compañía que me cuide con la misma intensidad con la que yo sé cuidar. Espero días de calma, noches de paz, risas compartidas y proyectos que tengan sentido.

Pero sobre todo, espero de mí mismo. Espero seguir levantándome incluso en los días malos, seguir apostando por mi crecimiento, seguir siendo capaz de abrirme aunque me dé miedo. Porque el futuro no depende solo de lo que llegue de fuera, sino de lo que yo me atreva a construir desde dentro.

Y aunque todavía haya huellas de tristeza en mis pasos, ya no me asusta tanto lo que viene. Porque si algo sé, es que lo peor ya lo atravesé, y lo que queda es aprender a vivir con menos miedo y más esperanza.

Continuará…

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