Primera entrada de la serie: “Lo que se queda y lo que se suelta”
Hay un momento en el camino en el que el dolor deja de ser un enemigo invisible y se convierte en un maestro silencioso. Ya no es esa punzada constante en el pecho, ni esas noches eternas buscando respuestas en un cielo que no responde. Llega un día en que el dolor cambia de forma: ya no arde como antes, ya no pesa igual.
No porque se haya ido del todo, sino porque he tomado una decisión: no todo lo que siento merece quedarse.
Durante demasiado tiempo confundí amar con resistir, callar con cuidar, esperar con tener fe. Dejé que mi corazón sostuviera historias que ya no me sostenían a mí, y me convencí de que sentir era suficiente para justificarlo todo. Pero no lo era. Sentir sin límites, sin medida, sin reciprocidad, se convierte en un pozo sin fondo donde acabas perdiéndote a ti mismo.
Hoy entiendo que soltar no es olvidar, ni odiar, ni borrar lo vivido. Soltar es mirar de frente aquello que me rompió y decidir que no tiene derecho a acompañarme más allá de lo necesario. Porque si me aferro, no sano. Y si sano, no puedo quedarme atado a lo que me hirió.
Hay sentimientos que son fuego: iluminan, pero también queman. Hay recuerdos que son hogar: cálidos, pero ya inhabitables. Y hay personas que fueron destino durante un tiempo, pero que al final solo eran un tramo de camino.
Decidir qué se queda y qué se va dentro de mí es un acto de amor propio que me debía hace tiempo. Y duele, sí, pero duele diferente: ya no es un dolor que me destruye, sino uno que me reconstruye. Como quien se arranca una espina clavada demasiado hondo: sangra, escuece, pero te devuelve la posibilidad de caminar sin cojeos.
Hoy elijo sentir solo aquello que me impulsa, que me honra, que me sostiene. Lo demás… se va quedando atrás.
Porque el amor verdadero no duele todo el tiempo, no te pone a prueba cada día, no te exige sobrevivirlo. El amor verdadero —sea hacia alguien más o hacia mí mismo— da paz, da fuerza, da raíces.
Y aquí estoy, dejando que en mi vida solo se queden los sentimientos que de verdad merecen quedarse.
“El corazón también aprende a hacer limpieza. Lo que no te hace crecer, ya no se queda.”
Continuará…
Deja un comentario