954. Ilusión y Realidad

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Cuarta entrada de la serie: “Donde se confunden”

La ilusión es un veneno dulce: te alimenta de futuros que nunca llegan, te da alas que se rompen al primer golpe de viento. La realidad, en cambio, no perdona. Es fría, seca, implacable. Y cuando ambas se confunden, el choque duele como un golpe directo en el pecho.

He vivido de ilusiones más veces de las que debería. Me prometí cosas que nunca ocurrieron, me aferré a miradas que no significaban nada, me inventé historias con finales felices que solo existían en mi cabeza. Y cuando la realidad se encargó de desmentirlas, el golpe fue brutal.

La ilusión te hace soñar despierto. La realidad te despierta a golpes. Y entre una y otra me he roto demasiadas veces, preguntándome si vale la pena seguir creyendo en algo que casi siempre se desmorona.

Porque sí, la ilusión te levanta. Te hace creer que todavía hay razones para seguir. Pero la realidad llega para recordarte que no todo lo que deseas está destinado a ser tuyo. Que por mucho que aprietes, hay cosas que se escapan igual entre los dedos.

Ilusión es la promesa de lo que podría ser. Realidad es la certeza de lo que es. Y cuando las confundes, lo único que queda es la decepción: la distancia entre lo que soñaste y lo que terminó destruyéndote.


“La ilusión me engaña, la realidad me despierta. Y en el choque, siempre soy yo quien se rompe.”

Continuará…

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