955. Rabia y Tristeza

By

Quinta entrada de la serie: “Donde se confunden”

La rabia quema, arrasa, busca salida hacia afuera. La tristeza se hunde, se clava, se queda atrapada por dentro. Son dos formas distintas de que el dolor se manifieste, pero cuando se confunden, uno termina desgarrado sin saber si quiere gritar o simplemente dejarse caer en silencio.

La rabia te hace apretar los puños, morder los dientes, querer romper todo lo que tienes cerca. La tristeza, en cambio, te desarma: te deja vacío, sin fuerza ni voz. Y cuando ambas se mezclan, es como un incendio bajo el agua: ardes y te ahogas al mismo tiempo.

He sentido rabia por lo que me hicieron, por lo que me quitaron, por lo que no me dieron cuando lo entregué todo. Pero detrás de esa rabia siempre estuvo la tristeza, callada, mordiendo por dentro, recordándome que lo que en realidad había era pérdida, abandono, ausencia.

La rabia me da energía, aunque sea oscura. La tristeza me paraliza y me hunde. Y en esa confusión he aprendido lo peor: que gritar puede ser más fácil que llorar, aunque duela igual.

Porque la rabia me protege de sentirme débil, pero la tristeza me recuerda que sigo roto. Y entre las dos, no sé qué es peor: explotar hacia fuera o seguir desangrándome hacia dentro.


“La rabia es el ruido, la tristeza es el eco. Y ambos terminan destrozándome por dentro.”

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario