959. Con miedo, pero con esperanza

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Hay días en los que mirar a alguien nuevo da vértigo.

No es miedo a la persona. Es miedo a todo lo que dejamos atrás: las risas que nunca se borran, los silencios que dolieron más que cualquier palabra, los “casi” que siguen flotando en algún rincón de la memoria.

Empezar de cero duele porque ya conoces el sabor de lo que pudo ser y no fue.

Y la piel… la piel recuerda demasiado.

Hay pereza. Mucha pereza…

Pereza de aprender nombres que quizá olvides, de inventar historias que tal vez no lleguen a contarse, de abrir la puerta otra vez y sentir ese temblor en el pecho que te recuerda que ya perdiste antes.

Y aun así, ahí estás.

Intentando respirar entre los recuerdos, mirar sin miedo, sonreír sin que el corazón se derrumbe, tocar sin esperar demasiado.

Porque a veces, incluso en medio de la incertidumbre, hay un hilo diminuto que susurra:

“Quizá valga la pena.”

Pero duele.

Duele traer contigo todo lo que fuiste, todo lo que amaste, todo lo que dejaste ir.

Duele y te hace frágil.

Y aun así… dejas que algo nuevo entre.

Con cuidado.

Con respeto.

Con miedo, sí… pero también con esperanza.

Porque a pesar de todo, hay un rincón dentro de ti que sigue creyendo que la vida no se termina en lo que perdiste.

Que todavía hay espacio en tu corazón para empezar otra vez.

Aunque no sea igual.

Aunque duela.

Aunque todo recuerde a lo que ya no volverá.


“A veces volver a empezar duele… pero es el único camino para descubrir que todavía queda vida después de todo lo que nos rompió.”

Continuará…

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