963. Cuando soltar pide silencio

By

Primera entrada de la serie: “El camino después del dolor”

Hay un momento en el que el dolor empieza a soltar. No desaparece de golpe ni se lleva todo el peso en un solo día, pero deja de doler con la misma intensidad. Y es entonces cuando uno se da cuenta de que ya no escribe igual. No porque se acaben las palabras, sino porque el alma empieza a pedir silencio, como si entendiera que revolver la herida una y otra vez es otra forma de no dejarla cerrar.

Antes escribía para no ahogarme, para entenderme, para poner orden donde solo había caos. Cada línea era un grito, una manera de sobrevivir al peso de todo lo que dolía. Hoy escribo menos. Y no porque ya no tenga nada que decir, sino porque he decidido no volver a caer en el mismo lugar cada vez que abro un recuerdo. Soltar también es esto: no darle al dolor el poder de repetirse.

Quizá por eso ahora llegan gestos tardíos, palabras que antes faltaron, acercamientos que antes nunca existieron. Como si alguien empezara a notar que ya no estoy donde siempre me encontraba, que ya no cuido lo que solo recibía atención cuando amenazaba con dejar de hacerlo. Pero la diferencia es que a mí ya no me duele igual. Y cuando deja de doler, también deja de importar quién intenta volver solo para no perder un sitio que nunca supo cuidar.


“Soltar es dejar de doler… y también callar, para no abrir la herida otra vez.”

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario