Tercera entrada de la serie: “El camino después del dolor”
Primero dolió.
Después llegó el silencio.
Y ahora… ahora empiezo a entender que todo esto era necesario para volver a mirar hacia adelante.
Porque no se puede reconstruir sobre ruinas que siguen ardiendo. Ni se puede abrir espacio a lo nuevo si uno lo llena todo con lo viejo, aunque ya no duela igual. Había que vaciar. Había que callar. Había que soltar para no repetir.
Hoy ya no tengo la prisa de antes. No quiero que la vida llegue corriendo a llenar el vacío. Prefiero que las cosas vengan despacio, sin empujar, sin forzar, sin esas falsas urgencias que solo terminan rompiendo otra vez.
He aprendido que lo que merece quedarse no necesita gritos ni carreras. Que quien quiera estar, lo estará sin tener que perseguirlo, sin mendigar atenciones, sin repetir historias que ya sé cómo terminan.
Quizá por eso ahora siento que puedo volver a empezar.
Sin miedo, sin prisas…
Con la certeza de que lo que llegue, si llega, tendrá un sitio limpio donde crecer.
“Primero dolió. Después callé. Y ahora… ahora por fin empiezo a reconstruirme.”
Continuará…
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