981. Un lugar donde quedarse

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Tercera entrada de la serie: “Las paredes de mi refugio”

Después de tanto movimiento emocional, lo que busco ahora no es intensidad sin rumbo, ni promesas que se rompen al primer viento.

Busco un lugar donde quedarse.

No hablo de paredes físicas, hablo de un espacio emocional donde uno pueda llegar y no tenga miedo de que lo echen al primer error.

Un lugar donde no se mida el cariño, donde no haya que demostrar cada día que vales la pena.

Un lugar donde quedarse es esa relación donde no hay juegos de poder, donde no se castiga con silencios ni se premia con migajas.

Donde no tengas que fingir fortaleza para que no te vean frágil, ni callar lo que duele para no parecer “demasiado”.

Quiero un lugar donde quedarse porque ya sé lo que es vivir en amores de paso.

En historias a ratos.

En vínculos que desaparecen cuando más los necesitas.

Ese lugar no es perfecto, pero es honesto.

Ahí no hay guerras por la atención, no hay miedo a ser uno mismo, no hay que andar con cuidado para no romper nada.

Un lugar donde quedarse es, al final, donde uno puede soltar la mochila, mirar alrededor y decir:

“Por fin puedo dejar de correr”.


“El amor no debería ser un lugar para visitar… sino un lugar donde quedarse.”

Continuará…

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