984. Las paredes de mi refugio

By

Epílogo de la serie: “Las paredes de mi refugio”

He hablado de refugios, de paredes, de lugares donde quedarse y de amores que no duelan.

Pero al final, todo se resume en algo sencillo: aprendí a dejar de abrir la puerta a cualquiera y a no cerrármela a mí mismo.

Construí estos textos como quien levanta una casa: primero busqué el lugar donde sentirme a salvo,

luego aprendí qué puertas no volvería a abrir, entendí que la calma no es aburrimiento, sino amor sin guerra, y que la verdadera paz empieza dentro antes de que alguien más pueda habitarla.

Quizás ese sea el mayor aprendizaje de todo este camino: que el amor no tiene que doler para ser real, que quien quiera quedarse no pedirá que derrumbes tus muros, sino que te ayudará a pintarlos de colores.

Y que, a veces, el mayor refugio que uno puede encontrar… es aquel que construye para sí mismo antes de dejar entrar a nadie más.


“Las paredes no siempre son para aislar… a veces son para aprender a dejar pasar solo lo que merece quedarse.”

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario