Primera entrada de la serie: “Donde se cruzan”
Hay un lugar extraño donde el deseo y el miedo se miran de frente.
Donde las ganas de sentir algo nuevo se mezclan con el temor a volver a romperte por dentro.
Deseas.
Deseas tanto que casi te duele no dar ese paso, no abrir esa puerta, no dejarte llevar por todo lo que podrías vivir si te atrevieras.
Pero el miedo está ahí.
Te recuerda todas las veces que ya lo hiciste y cómo terminaste recogiendo pedazos de ti mismo en silencio.
El deseo te empuja: a volver a creer, a imaginar finales diferentes, a pensar que esta vez puede ser distinto.
El miedo te frena:
te habla del riesgo, del cansancio de apostar siempre y perder, de la herida que todavía no termina de cerrar.
Y en medio estás tú, con las manos temblando.
Sabiendo que desear es inevitable… pero que el miedo también es necesario.
Porque el deseo te mueve, pero el miedo te enseña.
Tal vez la respuesta no esté en callar al miedo, ni en soltar el deseo.
Tal vez se trate de aprender a caminar con ambos.
Con ganas, pero con cuidado.
Con ilusión, pero sin perderte.
Con el corazón abierto, pero sin dejar que vuelvan a entrar las tormentas de siempre.
Porque al final, el amor que buscas está justo ahí: donde el deseo de sentir y el miedo a caer aprenden a sostenerse sin destruirse.
“El deseo abre la puerta… pero es el miedo quien te recuerda dónde poner los cimientos.”
Continuará…
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