992. El lugar donde vuelve la calma

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Segunda entrada de la serie: “Caminar más ligero”

Después de tanto ruido, después de tantas preguntas sin respuesta, de tantas noches en las que parecía que el corazón no iba a resistir otra sacudida… llega un día en el que la calma aparece.

No lo hace de golpe, no es un momento que puedas señalar en el calendario.

Simplemente, un día respiras y notas que dentro ya no hay la misma tormenta.

Que hay recuerdos, sí, pero no duelen igual.

Que hay heridas, pero ya no sangran cada vez que alguien las toca.

La calma no es olvido.

Es aprender a vivir con lo que pasó sin que te pese tanto.

Es entender que algunas historias no vuelven, y que está bien así.

Que otras personas llegarán, o tal vez no… pero ya no dependes de eso para seguir adelante.

Es un lugar nuevo donde ya no corres detrás de nadie, donde empiezas a caminar a tu ritmo.

Donde sabes lo que vales, lo que mereces y lo que no vas a permitir otra vez.

Ese lugar es la señal de que, de alguna manera, has sobrevivido a ti mismo.

Que puedes volver a creer, aunque sea despacio.

Que todavía hay vida, y tal vez también amor, esperándote más adelante.


“La calma no es el final del dolor… es el principio de todo lo que puede nacer después de él.”

Continuará…

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