Dicen que la rabia y el dolor son emociones distintas, pero en realidad son vecinas de la misma calle.
Una nace del golpe recibido, la otra de la impotencia de no haber podido evitarlo.
El dolor es silencioso, te rompe por dentro.
La rabia grita, golpea paredes, quema por fuera.
Pero casi siempre llegan juntas, como si una llamara a la otra.
Primero duele, y después arde.
A veces creemos que estamos enfadados, pero en realidad estamos rotos.
Creemos que odiamos, pero lo que sentimos es la tristeza disfrazada de furia, porque es más fácil gritar que llorar.
La rabia, en el fondo, es dolor buscando una salida.
Y no, no es malo sentir ambas cosas.
Lo peligroso es quedarse a vivir en ellas, dejar que se conviertan en la única voz que escuchamos.
Porque el dolor necesita tiempo para sanar…
Y la rabia, perdón para apagarse.
“La rabia es el eco del dolor cuando ya no caben más lágrimas.”
Continuará…
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