Hay días en que el trabajo, las responsabilidades y los pensamientos parecen ponerse de acuerdo para apretar más de la cuenta. Días en los que apenas queda espacio para uno mismo, y parece que solo existimos para cumplir, correr y aguantar.
Pero en medio de ese cansancio también está la verdad más simple: no puedo dejarme de lado. Porque cuando me pierdo en las obligaciones y en el ruido, ¿qué queda de mí?
Hoy, aunque agotado, me recuerdo que mi valor no depende de lo que entrego a los demás, sino de lo que me permito ser, incluso en medio del cansancio. Y que a veces cuidarse también significa parar, aunque sea un minuto, para respirar y no olvidarse de que sigo aquí.
Continuará…
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