…pero fuiste la parte más bonita de ella.
A veces pienso que llegaste solo para enseñarme lo que era sentir de verdad. Que tu papel en mi vida no era quedarte, sino mostrarme cómo podía latir un corazón que hasta entonces solo sabía sobrevivir.
No fuiste mi historia completa, pero llenaste capítulos que nunca podré olvidar. Los días contigo tenían algo distinto… una calma que rozaba la plenitud, un caos que valía la pena, una ternura que dolía por su intensidad.
A tu lado entendí lo que significaba mirar a alguien y encontrar hogar. Lo que era reír hasta que doliera el pecho. Lo que era amar sin armaduras. Y también, lo que era romperse de verdad. Porque cuando te fuiste, no solo se fue una persona; se fue una versión de mí que solo existía contigo.
Durante mucho tiempo creí que sin ti no había historia posible, que todo lo que viniera después sería un epílogo vacío. Pero hoy, con el corazón menos roto y un poco más sabio, entiendo que cada historia tiene su final, y que algunos finales no son castigos, sino puntos de partida.
Tú fuiste la parte más bonita, la que duele recordar y al mismo tiempo me arranca una sonrisa. Porque aunque ya no estés, sigues siendo la prueba de que el amor, cuando es real, no necesita eternidad para dejar huella.
Y quizás eso sea el amor al final: algo que no siempre dura, pero que siempre transforma.
🖤 Desde mis cenizas, sigo aprendiendo a escribir sin ti.
Continuará…
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