Confía en el destino.
Incluso cuando las cosas no salgan.
Incluso cuando el miedo te paralice, cuando no entiendas por qué algo se rompió, o cuando sientas que todo lo que habías imaginado se desmorona delante de ti.
Confía… aunque duela.
Porque el destino no siempre llega con promesas bonitas ni caminos fáciles. A veces se presenta con despedidas, con silencios que pesan, con personas que se van cuando juraron quedarse. Pero detrás de todo eso, hay una lección que todavía no entiendes, un propósito que aún no alcanzas a ver.
Cuando los planes cambian sin previo aviso, cuando los días se hacen eternos y los domingos se vuelven vacíos, recuerda que el destino no está castigándote: te está reubicando.
Está despejando tu camino para que, cuando llegue lo que de verdad te corresponde, no quede espacio para lo que solo te detenía.
Y sí, da miedo volver a empezar. Da miedo soltar un amor que creías eterno, da miedo sentirte perdido. Pero lo que duele hoy, será justo lo que te empuje mañana.
Porque aunque ahora no lo creas, aunque ahora no veas el lado bueno, aunque pienses que todo esto no tiene sentido… lo tiene.
Por algo te están alejando de ese lugar.
Por algo el corazón que tanto quisiste ya no late junto al tuyo.
Por algo las piezas dejaron de encajar, por más que te empeñaras en forzarlas.
El destino no te está quitando nada que fuera realmente tuyo.
Te está haciendo espacio para algo mejor.
Algo que no tengas que mendigar, algo que no duela tanto, algo que te haga sentir en paz.
Así que respira, confía y espera.
Porque un día, cuando mires atrás, entenderás que todo lo que hoy te rompe… te estaba preparando para algo que, de verdad, sí era para ti.
Continuará…
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