No quiero discutir.
No quiero pelear.
No quiero gastar energía en demostrar lo que debería sentirse sin palabras.
Quiero vivir.
Quiero hacer el amor sin miedo, sin culpas, sin guerras silenciosas.
Quiero hacer recuerdos que me arranquen una sonrisa incluso en los días más grises.
Quiero reírme sin pensar en quién se quedó o quién se fue.
Ya no tengo fuerzas para batallas que no llevan a ningún lado.
No quiero convencer a nadie de quedarse, ni explicar una y otra vez lo que debería entenderse con solo mirar.
La vida es demasiado corta para discutir por lo que no puede arreglarse con un abrazo sincero.
Hoy solo quiero paz.
Esa que no hace ruido, pero se siente.
Esa que llega cuando entiendes que amar también es disfrutar, compartir, aprender y dejar fluir.
No quiero más relaciones donde se mida quién da más o quién se rinde antes.
Quiero un “estamos en esto juntos”, un “te entiendo”, un “ven, no pasa nada”.
Quiero un amor tranquilo, de esos que no duelen, que acompañan.
Quiero vivir.
De verdad.
Y si en el camino alguien quiere vivir conmigo así, bienvenido.
Pero si no… también está bien.
Porque por fin entendí que la vida se disfruta mejor cuando la paz ya no depende de nadie más.
Continuará…
Deja un comentario