1030. Cuando el duelo vuelve sin avisar

By

Hay días en que el duelo, sin avisarte, sin explicaciones, te vuelve a sacudir por completo.

No importa cuánto tiempo haya pasado. No importa si ya estabas “mejor”, si venías sintiéndote en paz, si habías encontrado cierta calma después de tanto dolor.

El duelo no se mueve en línea recta, y mucho menos responde a nuestras expectativas.

A veces estás haciendo algo cotidiano —preparando el desayuno, doblando ropa, viendo una foto vieja— y de pronto, como una ráfaga que llega sin previo aviso, el dolor vuelve.

Te atraviesa.

Te desordena.

Te deja con un nudo en el pecho y la sensación de haber vuelto al principio.

Y no es que hayas retrocedido.

No es que estés haciendo algo mal.

Es que el duelo tiene su propio pulso, y a veces, simplemente, necesita recordarte que sigue ahí.

No para castigarte, sino para invitarte una vez más a sentir, a honrar, a soltar lo que aún pesa, a abrazar lo que todavía duele.

Puede doler menos con el tiempo, sí.

Puede transformarse, hacerse más llevadero.

Pero hay fechas, olores, canciones, palabras, o incluso silencios, que activan memorias profundas, que raspan la herida.

Y eso también es parte del proceso.

Porque lo que te conecta con el dolor también te conecta con el amor.

Ese lazo invisible que sigue latiendo en tu memoria, en tu cuerpo, en tu historia.

Duela como duela, el duelo también es una forma de seguir amando.

De seguir diciendo “me importas”, aunque ya no puedas decírselo en voz alta.

No estás solo si hoy te volvió a doler.

No estás roto si volviste a llorar.

No estás atrasado si hoy el duelo te pidió que pares, que respires, que te abraces un poco más fuerte.

Es parte del camino.


El duelo no avisa, pero enseña.

A su manera torpe, silenciosa y a veces cruel, te recuerda que seguir sintiendo también es una forma de seguir vivo.

Que llorar no borra los pasos dados, solo limpia el polvo del camino.

Y que no hay un punto final en la memoria de lo que amaste, solo pausas necesarias para poder seguir.

Así que cuando vuelva —porque volverá— no te castigues.

Respira.

Recuerda cuánto has avanzado.

Y mírate con ternura, porque aunque sigas sanando, sigues aquí, y eso también es amor.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario