Madurez emocional es entender que no todo lo que nos duele viene de una mala intención.
A veces, simplemente, viene de personas vacías intentando llenar su propio vacío, de corazones rotos intentando amar desde las ruinas, de mentes cansadas que apenas pueden con ellas mismas.
1. Nadie puede darte lo que no tiene.
Puedes desvivirte por alguien, cuidar, esperar, insistir… pero si dentro de esa persona no existe la capacidad de amar, de comprometerse o de mirar más allá de sí misma, nada de lo que hagas cambiará el resultado.
2. No esperes lealtad de alguien que vive traicionándose.
Quien se engaña a sí mismo terminará mintiendo sin darse cuenta, prometiendo lo que no puede cumplir, jurando amor mientras duda hasta de su propio reflejo. No te lo tomes como algo personal: no te fallan por ser tú, te fallan porque aún no saben sostenerse ni a ellos mismos.
3. No esperes honestidad de quien ni siquiera se dice la verdad.
Hay quienes viven en un disfraz constante, ocultando sus carencias bajo máscaras de autosuficiencia o indiferencia. Y tú, que lo das todo desde la verdad, terminas agotado intentando despertar a quien aún no está preparado para mirarse de frente.
4. Y por favor, deja de esperar paz de alguien que está en guerra con su propia alma.
Por mucho que lo intentes, no puedes rescatar a quien no quiere ser salvado. No puedes curar heridas ajenas con tus propias manos. A veces, la madurez consiste en aceptar que amar también es saber soltar.
No es personal. Es real.
Y cuanto antes lo aceptes, más libre vas a ser.
Porque hay un punto en el camino donde dejas de pedir explicaciones, dejas de justificar comportamientos y simplemente entiendes que no todo el mundo está listo para amar con la misma conciencia.
Y ahí, justo ahí, comienza la verdadera paz: en saber que hiciste lo correcto, aunque no te lo devolvieran igual.
Continuará…
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