Hay días en los que no pasa nada especial.
Ni grandes emociones, ni pensamientos profundos, ni giros que cambien el rumbo.
Solo rutina, trabajo, cansancio y silencio.
Y aunque parezcan insignificantes, también cuentan.
Porque en esos días se sigue avanzando, aunque sea despacio.
Se respira, se cumple, se sigue.
Y eso, a veces, ya es suficiente.
Continuará…
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