Hay días que no tienen un motivo claro, pero pesan.
No por una noticia, ni por una herida nueva, sino por todo lo que se ha ido acumulando con el tiempo.
Por las emociones que no terminas de colocar, por los pensamientos que no descansan, por esa sensación de estar cansado incluso cuando acabas de despertar.
Últimamente, todo se mezcla.
El trabajo, la rutina, el esfuerzo constante por mantener el equilibrio, la lucha silenciosa por no derrumbarte.
Y aunque sé que he avanzado mucho, hay momentos en los que siento que sigo en el mismo punto, solo que más consciente del peso que llevo encima.
A veces me gustaría detenerlo todo.
El ruido, las obligaciones, las sonrisas forzadas, incluso los pensamientos que no se callan.
Solo para poder respirar sin sentir culpa, sin tener que demostrar que todo está bien cuando no lo está del todo.
He aprendido que no siempre se trata de estar bien, sino de seguir, incluso cuando duele.
De aceptar que no todos los días van a ser de claridad, y que hay etapas donde la calma no llega, pero la vida continúa.
Estos días me han recordado que la fortaleza también se mide en esos momentos donde no haces nada más que resistir.
Donde no hay grandes logros, ni victorias que contar, solo la quietud necesaria para no perderte a ti mismo.
Y aunque a veces me invada el cansancio, sé que este proceso —por lento que parezca— también forma parte de mi reconstrucción.
Que cada paso, cada intento, cada respiración consciente, es una manera de decirme: “sigo aquí, todavía estoy intentando vivir mejor.”
No sé hacia dónde me llevará este camino, solo sé que no quiero seguir cargando más de lo que puedo sostener.
Y que si hoy me cuesta, mañana volveré a intentarlo.
Porque incluso cuando todo pesa, mi voluntad sigue de pie.
La esperanza también descansa
Quizás mañana duela igual, o quizás empiece a sanar un poco más.
No lo sé.
Pero he entendido que la luz no siempre llega de golpe; a veces se cuela despacio, por las grietas que dejaron los días difíciles.
Y con eso me basta hoy: con saber que sigo respirando, que sigo buscando paz, y que, de algún modo, todavía creo —aunque sea en silencio— que lo mejor está por venir.
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