1039. Lo que alimenta y lo que envenena

By

Con el tiempo he aprendido que la salud no es solo lo que comes, sino todo lo que dejas entrar en ti.

Lo que ves, lo que escuchas, lo que lees, las personas con las que compartes tus días… todo eso también te alimenta, o te envenena.

Puedes comer bien, dormir ocho horas y hacer ejercicio, pero si te rodeas de ruido, de gente que apaga tu luz, si consumes palabras que hieren o te repites pensamientos que te destruyen, terminas igual de agotado que alguien que no se cuida físicamente.

Hay un tipo de hambre que no se sacia con comida, una sed que no se calma con agua.

Es la necesidad de calma, de vínculos sanos, de espacios que no te drenen.

De palabras que no duelan, de miradas que no juzguen.

A veces, el mayor acto de autocuidado es cerrar la puerta.

No por egoísmo, sino por supervivencia.

Porque no se trata de llenar tu vida de cosas, sino de limpiarla de lo que te resta.

De aprender a distinguir quién te nutre y quién te vacía, qué pensamientos te fortalecen y cuáles solo te mantienen en el bucle del dolor.

La salud también está en eso: en elegir qué música escuchas cuando estás triste, qué historias lees cuando buscas consuelo, a quién le cuentas tus miedos, y qué tipo de silencio te permites cuando todo pesa demasiado.

Hoy intento cuidar también esa parte: no solo mi cuerpo, sino mi mente y mi energía.

Ser más selectivo con lo que dejo entrar, y más consciente de lo que permito que se quede.

Porque al final, estar bien no es solo no enfermar, es sentir paz dentro, es mirar alrededor y saber que estás donde debes estar, con quien te hace bien, pensando lo que te sostiene, y viviendo sin tanto ruido.


Lo que eliges te define

Cuida lo que te rodea, porque poco a poco, eso también te forma.

Y recuerda: todo lo que dejas entrar en ti, de alguna manera, acaba siendo parte de quien eres.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario