1041. Carta que nunca enviaré

By

Saco a la luz esta carta que escribí hace unos meses ya, quizás porque hoy no me siento con ganas de trabajar en nada nuevo, quizás porque el dolor se cansó de doler igual, quizás porque el nudo que llevo dentro hoy no me deja escribir nada, quizás…

No sé si alguna vez llegues a leer esto.

Y si lo hicieras, tal vez ya no te reconocerías en mis palabras, ni yo en quien las escribe.

Pero aun así, necesito dejarlas salir, porque guardarlas me está consumiendo.

No quiero que sientas culpa, ni que pienses que esto es un intento de volver. No.

Esto es solo una despedida que no sabré pronunciar en voz alta.

Hace un año que intento olvidarte. Un año de silencios, de noches que se repiten, de días en los que te cruzo sin poder mirar demasiado. He aprendido a hablar de ti sin mencionarte, a sobrevivir entre tus risas que ya no me pertenecen, a sostenerte en el trabajo cuando por dentro me rompo.

Me gustaría decir que ya no duele, pero mentiría.

Me duele verte bien y no poder alegrarme sin sentir el vacío.

Me duele seguir cuidando lo que un día cuidamos juntos, mientras finjo que ya no me afecta.

Me duele no poder odiarte, aunque lo he intentado con todas mis fuerzas.

No sé si tú lo ves, pero sigo aquí, sosteniendo lo que queda de mí entre las manos.

Intentando soltar, pero sin saber cómo.

Intentando entender por qué no puedo odiarte, si todo sería más fácil si pudiera hacerlo.

No sé en qué momento dejé de ser quien te hacía sonreír para convertirme en alguien a quien apenas miras.

Y me repito una y otra vez que esto tenía que pasar, que todo tenía un propósito, que quizá la vida me está empujando hacia otro lugar… pero hay noches en que eso no consuela.

Hay días en los que el corazón no entiende de razones.

Quisiera olvidar.

No los buenos momentos, no lo vivido, sino lo que me ata todavía.

Quisiera dejar de buscarte en cada gesto, en cada canción, en cada rincón que compartimos.

Quisiera, aunque no pueda.

Hoy escribo esto no para ti, sino por mí.

Porque necesito dejar constancia de que te quise de verdad.

Y aunque ya no lo digas, aunque finjas que no fue tan importante, yo sí lo sé.

Fuiste lo más bonito y lo más doloroso que me ha pasado.

Y ojalá algún día, cuando ya no duela, pueda recordarte sin sentir este peso en el pecho.

Ojalá entonces entienda que soltar también era una forma de amar.


Hoy, mientras releo estas palabras, sé que no estoy en el mismo lugar que cuando las escribí.

El dolor sigue, pero ya no grita.

La herida sigue abierta, pero ya no sangra.

He aprendido a convivir con tu ausencia sin que me derrumbe, aunque aún me pese.

A veces me pregunto si sanar realmente significa olvidar, o si más bien es aceptar que hay amores que se quedan viviendo en nosotros de una forma distinta.

Ya no espero que regreses.

Tampoco espero que lo entiendas.

Solo quiero dejar de pelear con lo que fue, dejar de buscar respuestas donde solo queda silencio.

Y, aunque nunca llegues a leerlo, necesitaba escribirlo.

Porque, de algún modo, hacerlo es mi manera de soltar tu nombre sin perder mi voz.

Es mi forma de decir adiós, aunque todavía duela.

De reconocer que te quise con todo lo que fui… y que ahora me toca aprender a quererme a mí, con todo lo que quedé.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario