Hoy no tengo fuerzas para fingir que todo va bien.
No quiero buscarle un sentido bonito al cansancio ni disfrazar de aprendizaje lo que, simplemente, duele.
Estoy agotado.
Física y mentalmente.
Me cuesta concentrarme, me cuesta incluso hablar o responder con la claridad de siempre.
Siento que mi cabeza va más lenta, que mis pensamientos pesan, que mi cuerpo solo pide parar.
Y no pasa nada.
Porque también esto forma parte del camino: reconocer que no siempre se puede, que hay días que no se sostienen, que hay que soltar algo o, al menos, dejar de fingir que no pesa.
No tengo grandes reflexiones hoy.
Solo sé que necesito silencio, descanso y un poco de ternura conmigo mismo.
A veces, eso también es avanzar.
Continuará…
Deja un comentario