1047. Lo que todavía pesa

By

Hoy tiro de diario, de escritos pasados, no por nostalgia, no porque la situación diera un giro radical y quiera o necesite ver una evolución…

Estos últimos días el recuerdo, quizás la culpa sea la carga física, mental y emocional acumulada estos meses, se ha hecho más pesado, doloroso… sin rodeos, comparto algo que se me ocurrió hace unos meses y que hoy suelto por aquí para todos aquellos que “sientan”, ahora o en algún momento, algo parecido.

No sé si lo que siento es amor, costumbre o un eco que se niega a morir.

Solo sé que, después de tanto tiempo, sigue doliendo.

A veces menos, a veces como el primer día.

Y no por falta de intentos.

He conocido a otras personas, he abierto puertas, he buscado nuevas formas de mirar hacia adelante… pero hay algo que me arrastra siempre hacia atrás, algo que me ata al recuerdo de lo que fuimos, o de lo que creí que podríamos ser.

No la olvido, aunque a veces lo deseo con todas mis fuerzas, aunque, realmente, no sé si quiero hacerlo.

Porque olvidarla sería como negar una parte de mi historia, porque sería como arrancarme todo de lo que fui consciente gracias a lo que ocurrió entre nosotros, aunque el final fuera triste, sobre todo para mí.

Quizás no sea justo para mí seguir recordando, pero tampoco lo sería fingir que ya no me importa.

A veces me digo que si me hubiera conocido antes a mi mismo —si hubiera entendido mis emociones, si hubiera sabido expresar lo que sentía sin miedo a romper algo— quizás las cosas habrían sido distintas.

Quizás ella habría visto lo que habitaba detrás de mis silencios, del amor que no supe traducir en palabras, de la preocupación que disfrazaba de calma, de la necesidad de cuidarla incluso cuando parecía que no estaba haciendo nada.

Hoy lo entiendo, comprendo que la forma en que afrontaba las cosas no era la más lógica, ahora entiendo el motivo que me llevaba a actuar así.

Aunque entenderlo, también duele.

Lo hace porque ahora sé que teníamos todo para ser una pareja increíble… pero nos faltó conocernos de verdad.

Primero a nosotros mismos.

No la olvido, no puedo.

Y tal vez no deba hacerlo.

Porque, aunque su recuerdo me pese, también me enseña.

Me enseña quién fui, quién no quiero volver a ser, y en quién estoy evolucionando.

No sé si algún día dejará de doler.

Pero sé que este dolor también me está moldeando.

Y, aunque duela, sigo aprendiendo a vivir con lo que me queda.


Quizás amar, al final, no sea retener, ni olvidar.

Quizás amar sea aceptar que algunas personas se quedan en nosotros sin estar, y que a veces el amor más grande es el que seguimos sintiendo cuando ya no hay un “nosotros”.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario