1050. Óscar, escúchate

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Óscar, tienes que escucharte.

De verdad, deja de buscar excusas, deja de justificar lo injustificable.

Esa persona no te merece.

Y no porque no la hayas amado, sino precisamente porque la amaste demasiado.

Porque diste todo incluso cuando ya no quedaba nada que entregar.

Sigues llorando por alguien que ya no está.

Y lo sabes.

Sabes que se fue hace mucho, que te soltó incluso antes de decir adiós, y que mientras tú seguías sosteniendo su mundo, ella empezaba otro en el que tú ya no tenías sitio.

Y aun así te quedaste.

Te quedaste esperando que se diera cuenta, que te mirara y viera lo que siempre fuiste.

Pero no lo hizo, Óscar.

Y no lo hará.

Ya no puedes seguir construyendo tu vida alrededor de alguien que hace tiempo dejó de tenerte en la suya.

Ya no puedes seguir salvándola cuando eres tú el que se está hundiendo.

Lo sabes. Lo sabes cada mañana cuando la ves, cuando la escuchas, cuando tienes que fingir que todo está bien para no romperte en medio del trabajo.

Y te está consumiendo.

No es amor lo que sientes ahora.

Es costumbre, es vacío, es el eco de todo lo que diste sin recibir.

Es ese reflejo de lo que pudo ser y nunca fue.

Y sí, duele. Duele hasta dejarte sin aire.

Pero también tienes que reconocer que ese dolor ya no viene del amor, sino de la herida.

Y las heridas, Óscar, no sanan si las sigues tocando.

Tienes que soltarte de ella, aunque te cueste, aunque te tiemble el alma.

Tienes que mirar al frente y aceptar que el amor no siempre basta, que no todo lo que se siente tiene que sostenerse, y que seguir amando a quien ya no te cuida es otra forma de autodestruirte.

No se trata de odiarla.

Se trata de elegirte a ti.

De entender que por más que la quieras, no puedes seguir arruinándote para mantenerla cerca.

Dejarla ir no es perderla. Es recuperarte.

Así que sí, hoy te duele.

Y mañana también dolerá.

Pero llegará un día —lo juro— en el que la verás y ya no te romperás por dentro.

Porque habrás entendido que no era ella lo que te mantenía vivo, sino el amor que eras capaz de dar.

Y eso sigue siendo tuyo, Óscar.

Sigue estando ahí, esperando que, por una vez, te lo des a ti mismo.


No se trata de olvidar de un día para otro.

No se trata de dejar de sentir como si el corazón tuviera un interruptor.

Se trata de aprender a no hundirte cada vez que el recuerdo vuelva.

Has vivido, Óscar.

Has amado con una entrega que pocos entienden, y aunque eso te haya roto, también te ha hecho alguien real, profundo, capaz de sentir más allá del miedo.

Esa es tu herida, pero también tu verdad.

No vas a volver a ser el mismo, y eso está bien.

Porque quizás de eso se trataba todo: de perderte para encontrarte, de vaciarte para poder llenarte de ti.

Un día, sin darte cuenta, dejará de doler.

Y cuando llegue ese día, sabrás que no fue el olvido lo que te salvó, sino el coraje de seguir adelante aun cuando el alma te pesaba más que el cuerpo.

Continuará…

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