1054. Mi cita de cada 13 – Parte 1: El diálogo

By

Serie: Mi cita de cada 13. Esta vez a mes vencido, es la de octubre, porque en ese momento no tuve fuerzas para subirlo.

(Un viaje por todo lo que sentí, pensé y aprendí)


— Hoy quiero que hablemos de lo que todavía duele. De todo lo que has guardado. Si tuvieras a S delante, después de todo este tiempo, ¿qué le dirías?

— Te quiero. Aunque ya no voy a intentar que te des cuenta de ello ni voy a demostrártelo de ninguna manera. Pero te pido algo: si no sientes lo mismo, deja de buscarme cada vez que necesites ayuda o tengas problemas, porque no sé decirte que no… y me duele demasiado.

— Sientes que ella siempre supo cómo te afectaba todo, ¿verdad?

— Sí. Me dolió la forma en que me echaba sabiendo que yo no podía reaccionar como ella quería… porque me conocía. Se supone que se enamoró de mi forma de ser, de cómo la cuidaba, de cómo la trataba. No podía pedirme que fuera otra persona.

— Entonces, si eres sincero contigo mismo… ¿crees que has logrado soltarla?

— Si lo pienso fríamente… no. Por mucho que quiera convencerme de lo contrario.

— Y, sin embargo, dices que algunas cosas te hicieron bien.

— Sí. Me enseñó a hablar, a abrirme. Antes me guardaba todo. Con ella, al menos aprendí a expresar algo, aunque fuera tarde. Ahora sé que puedo hablar de casi cualquier cosa… y eso no lo quiero perder.

— Pero aún te pesa.

— Claro que sí. Si le dijera adiós, le diría que no me arrepiento de haberla conocido porque fue el instante más bonito de mi vida… pero también le diría que no quiero volver a verla ni saber nada de ella.

— Sientes que todo esto te cambió…

— Sí. Aprendí que las cosas me duelen, que puedo hacer daño aunque no lo pretenda. Y que cargar con todo, en silencio, también lastima a los demás.

— Y escribiendo, ¿qué encontraste?

— Al principio, un desahogo. Luego llegaron los comentarios, la gente diciéndome que mis palabras les ayudaban. Y entonces entendí que mi dolor servía para algo más que para romperme por dentro.

— ¿Cómo describirías al Óscar que empezó a escribir hace un año?

— Era alguien incapaz de llorar delante de nadie. Incapaz de decir lo que sentía. Hoy no soy ese hombre. Hoy me escucho. Me miro. Intento comprenderme. No siempre lo consigo, pero al menos ya no me escondo de mí mismo.

— Has mencionado a Abril, a Blanca…

— Sí. Me acompañan cada día. No saben cuánto bien hacen. A veces siento que creen más en mí de lo que yo mismo creo.

— Si pudieras elegir… ¿qué esperas ahora del amor?

— Nada especial. Solo alguien con quien compartir mi vida. Que no me haga sentir que amar es perderme en el camino. Que los problemas se hablen, se arreglen… que no haya que callar lo que duele.

— ¿Y de S?

— Me gustaría pensar que es una etapa cerrada. Pero mi corazón… sigue esperando un movimiento que nunca llegará. Y eso es agotador.

— Dices que tienes miedo…

— Miedo de no poder olvidar. Miedo de no encontrar a alguien. Y miedo de perderme otra vez, si lo hago.

— Si pudieras verte desde fuera… ¿qué te dirías?

— Que amar nunca debería ser sinónimo de anularse. Que un día todo esto va a doler menos. Que llegará el momento de mirarme al espejo y sonreír, de verdad, sin fingir, sin estar roto por dentro.

— Y cuando llegue ese día…

— Ese día escribiré que lo conseguí. Que dolió, que me quemó… pero que lo conseguí.

— Y hasta entonces, ¿qué queda?

— Esto no es el último capítulo, es solo la página donde respiro antes de continuar.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario