1055. Mi cita de cada 13 – Parte 2: La versión íntima

By

Serie: Mi cita de cada 13. Esta vez a mes vencido, es la de octubre, porque en ese momento no tuve fuerzas para subirlo.

(Un viaje por todo lo que sentí, pensé y aprendí)


Me hicieron muchas preguntas hoy. Algunas dolieron más de lo que esperaba. Pero, al final, creo que necesitaba responderlas… aunque fuera solo para escucharme a mí mismo.

Si tuviera a S delante, le diría que todavía la quiero, pero que ya no voy a intentar que lo note. Que no voy a buscar formas de demostrarlo. Que, si no siente lo mismo, entonces le pido por favor que deje de aparecer cada vez que necesita ayuda o cuando todo a su alrededor se derrumba, porque yo no sé decir que no… y porque cada vez que lo hace, me duele un poco más.

Me dolió, y mucho, la forma en que me echaba de su vida sabiendo que yo no podía reaccionar como ella quería. Me conocía. Se supone que alguna vez se enamoró de mi forma de ser, de cómo la cuidaba, de cómo la trataba. Y aun así, esperaba que fuera otra persona.

Si soy sincero, no puedo decir que haya logrado soltarla del todo. Me gustaría creerlo… pero estaría mintiéndome. Y sin embargo, hay algo curioso: en medio de todo este dolor, me hizo bien. Porque gracias a todo esto aprendí a hablar, a abrirme. Antes me lo guardaba todo, y con ella, al menos, empecé a poner en palabras lo que me quemaba por dentro.

Pero la verdad es que sigo cargando con todo. Si pudiera decirle adiós hoy mismo, le diría que no me arrepiento de habernos conocido porque fue el instante más bonito de mi vida… pero también le diría que no quiero volver a verla ni saber nada más de ella.

Esta historia me cambió. Me hizo darme cuenta de que siento más de lo que muestro, que hay cosas que me duelen más de lo que dejo ver, y que también puedo hacer daño sin darme cuenta. Y eso me pesa. Me pesa mucho.

El blog me ayudó a no quedármelo todo dentro. Al principio era solo un desahogo. Luego llegaron los comentarios, la gente diciéndome que mis palabras les ayudaban, que encontraban en ellas lo que no podían explicar. Y eso me salvó un poco. Me hizo sentir que mi dolor no estaba del todo perdido.

Hace un año yo era incapaz de llorar delante de nadie. Incapaz de decir lo que sentía. Hoy no soy ese hombre. Hoy me escucho. Intento comprenderme. No siempre lo consigo… pero al menos ya no me escondo de mí mismo.

Abril, Blanca… ellas están ahí, cada día. No saben cuánto bien hacen con lo que escriben. A veces siento que creen más en mí de lo que yo mismo creo.

Si me preguntas qué espero del amor… nada especial. Solo alguien con quien compartir mi vida, con quien los problemas no se callen, se hablen, se arreglen. Con quien amar no signifique perderse en el camino.

De S… solo me gustaría que fuera una etapa cerrada. Pero mi corazón sigue esperando un movimiento que nunca llegará. Y eso me está agotando. Me da miedo no poder olvidar. Me da miedo no encontrar a alguien. Y me da miedo perderme otra vez si lo hago.

Si pudiera verme desde fuera, me diría que amar nunca debería ser sinónimo de anularse. Que un día todo esto va a doler menos. Que llegará el momento de mirarme al espejo y sonreír de verdad, sin fingir, sin estar roto por dentro.

Y cuando llegue ese día, escribiré que lo conseguí. Que dolió, que me quemó… pero que lo conseguí.

Hasta entonces… esto no es el último capítulo, es solo la página donde respiro antes de continuar.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario