Serie: Mi cita de cada 13. Esta vez a mes vencido, es la de octubre, porque en ese momento no tuve fuerzas para subirlo.
(Un viaje por todo lo que sentí, pensé y aprendí)
He contado mi historia como quien deja migas de pan en el bosque, no para volver atrás, sino para no olvidar el camino recorrido. Porque a veces duele mirar hacia atrás, pero es la única forma de entender cómo llegaste hasta aquí.
Las lágrimas, las noches sin dormir, las preguntas sin respuesta… todo eso también es parte de mí. Lo que fui. Lo que soy. Pero no lo que seré.
Porque en algún momento entendí que el dolor no desaparece de golpe. Se transforma. Se vuelve más silencioso, menos urgente, hasta que un día deja de dictar cada uno de tus pasos. Ese día no llega con prisa, no avisa, pero llega.
Y cuando llegue, sabré que todo esto habrá tenido sentido. Que cada palabra escrita, cada pedazo de mí que dejé en estas páginas, no fue en vano. Que incluso en medio del caos, estaba construyendo algo: una vida distinta, un yo distinto, un futuro que ya no pesa tanto.
Quizás ese día llegue acompañado de alguien que entienda lo que es quedarse incluso cuando es más fácil irse. O quizás llegue conmigo mismo, mirándome al espejo y reconociéndome, por fin, sin las heridas abiertas.
Sea como sea, lo que sigue comienza aquí. Porque esta no es una historia de finales… es una historia de seguir escribiendo, aunque a veces duela.
Y si algo he aprendido, es que cada capítulo que cierra abre espacio para uno nuevo.
Porque esto, lo que ahora termina, no es el final. Es solo el lugar donde empiezo a respirar antes de seguir caminando.
Continuará…
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