Estoy cerrando ciclos con cariño, sin rencor, sin ruido, sin necesidad de explicaciones.
Me estoy yendo en silencio de personas que un día fueron hogar, de quienes me hicieron feliz, pero hace tiempo que ya no están.
Estoy dejando atrás versiones mías que ya no encajan con lo que quiero, pedazos de quien fui que hoy pesan más de lo que acompañan.
Me despido de momentos que dolió ver marchar, de sentimientos que quise retener entre las manos y que, aun así, se escaparon sin avisar.
Hago espacio en mi corazón para lo nuevo, para lo que llegue sin exigencias, sin máscaras, sin ruido.
Para lo que me haga sentir en paz, aunque no sea perfecto.
Y sí, duele.
Duele soltar, duele aceptar, duele entender que algunas cosas no eran para quedarse.
Pero he aprendido que soltar lo que ya no está también es amor.
Amor hacia mí, por dejar de cargar con lo que ya no pertenece a este tiempo.
Amor hacia lo que fue, por agradecer sin aferrarme.
Amor hacia lo que vendrá, por abrirle espacio en mi vida sin miedo.
Y aunque duela un poquito, sé que todo lo que se va con cariño siempre deja algo de luz detrás.
Porque cerrar un ciclo no siempre es decir adiós; a veces, es decir “gracias” y seguir adelante.
Continuará…
Deja un comentario