Hoy te propongo lo siguiente: vamos a jugar a algo.
Toma un mapa de España, cierra los ojos y lanza un dardo. Donde caiga, ahí será. No importa el nombre del sitio, ni si hay mar o montaña, solo que estés tú. Solo que esté yo. Solo que estemos los cinco.
Mañana, sin avisar, sin despedidas. Amanecer allí.
Lejos del ruido, lejos del juicio, lejos del pasado. Un colchón en el suelo, una cafetera vieja, dos tazas y nuestras manos enlazadas. Sau durmiendo junto a la cama, Gaara sobre las mantas, Rodolfo en su rincón… y nosotros empezando otra vez.
Sin que nadie lo entienda. Sin tener que dar explicaciones, porque a veces, hogar no es un lugar… es un impulso.
Una locura compartida. Una mirada que dice “confío”. Una promesa muda que solo se oye si estás dispuesto a quedarte.
Empezar de nuevo.
Tú con tus miedos, yo con los míos pero juntos y compartiendo ese amor que aún llevamos dentro.
S, por volver a ser hogar… me lo jugaría todo, incluso con los ojos cerrados porque sólo vosotros me importáis.
Continuará…
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