“A quien entienda que amar también es quedarse cuando el brillo se apaga”
Besos en la frente.
Mano en la cintura.
Mano en la pierna.
Coqueteo mutuo.
Caballerosidad.
Tiempo juntos.
Hacer fotos.
Complicidad.
Exclusividad.
Confianza.
Conexión.
Llamadas.
Atención.
Iniciativa.
Respeto.
Madurez.
Sonrisas.
Detalles.
Cariños.
Lealtad.
Flores.
Amor.
No se trata de tener a alguien, se trata de compartir la vida con quien sepa sostenerla contigo.
Una compañera de vida no es la que te promete eternidades, sino la que te acompaña en los días normales, cuando no pasa nada especial y aun así hace que todo tenga sentido.
Es esa persona que te da besos en la frente cuando las palabras sobran, que te abraza por la cintura y te hace sentir que ahí está tu lugar.
La que apoya su mano en tu pierna mientras conduces, solo para recordarte que sigue ahí, contigo.
Esa con quien existe el coqueteo mutuo, la complicidad que no se fuerza, la confianza que no se pide, la exclusividad que no se impone, porque simplemente nace del amor y el respeto.
Una compañera de vida es quien te dedica tiempo, quien tiene iniciativa, quien escucha, ríe contigo, quien te da atención sin que la pidas, y quien te mira como si siempre fueras suficiente.
Es quien te enseña que la madurez también puede ser dulce, que el respeto no se negocia, que los detalles siguen importando, que los cariños cotidianos son los que construyen el amor real.
Una compañera de vida no necesita flores cada día, pero sabe que cuando llegan, no son sólo flores: son un “te pienso”, un “gracias por estar”, un “te elijo, otra vez, hoy también”.
Y cuando lo encuentres —o cuando la vida te lo devuelva— cuídalo.
Porque no todos los amores enseñan, no todos los amores acompañan, y no todos los amores se quedan.
🔥 “Ya no busco amores que deslumbren… busco uno que me acompañe cuando se apague la luz.
Porque ya aprendí que la calma también puede ser amor.”
Continuará…
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