Después de un tiempo, uno aprende.
A veces a base de golpes.
A veces a base de perder lo que más quería.
Y otras, simplemente porque el alma ya no aguanta una decepción más.
Uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano… y encadenarse el alma.
Que acompañar no es suplicar.
Que amar no es aferrarse.
Y que querer a alguien no significa perderte a ti mismo para que el otro no se vaya.
Aprendes que el amor no es un gesto bonito, ni una noche cálida, ni un “ya veremos”.
Que las caricias no son garantía de nada, que los besos no firman contratos, y que los regalos no prometen futuro.
Con el tiempo, empiezas a mirarte a los ojos sin bajar la cabeza.
A aceptar tus derrotas sin excusas, sin dramatismos… pero también sin mentirte.
Y descubres algo que duele pero libera: si alguien no es capaz de amarte con tus defectos, si sólo te quiere cuando encajas en lo que necesita, si te exige perfección mientras te da migajas… eso no es amor, es dependencia.
Aprendes a contar a tus amigos con los dedos de una mano.
A saber quién se queda y quién solo está cuando brillas.
A reconocer que disculparse puede hacerlo cualquiera, pero perdonar… perdonar sólo puede hacerlo un alma grande, una que ya entendió que soltar también es cuidar(se).
Te das cuenta de que cada persona que pasó por tu vida dejó algo: una herida, una lección, un recuerdo, un espejo… y que nada de eso se repetirá igual.
Y al final entiendes lo más importante: que todos tus caminos se construyen en el hoy.
Que el mañana es demasiado incierto y que forzar lo que no es para ti sólo te dejará roto, vacío y preguntándote por qué no funcionó.
Hoy lo veo claro: lo que es para ti no te encadena.
Te sostiene.
No te hiere.
Te cuida.
No te confunde.
Te encuentra.
Cuando por fin eliges paz
Quizás la vida no se trata de entenderlo todo, sino de dejar de aferrarte a lo que hace tiempo dejó de ser hogar.
Quizás la verdadera valentía esté en aceptar que no todos se quedan, pero que tú sí puedes quedarte contigo.
Lo que es para ti, nunca tendrás que perseguirlo.
Y lo que no… va a decepcionarte una y mil veces, hasta que aprendas a soltarlo.
Continuará…
Deja un comentario