1068. Carta definitiva. O eso deseo

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La que rompe, la que abre los ojos, la que obliga a soltar.

Hoy voy a hablarte claro por primera vez.

Sin excusas.

Sin justificarte.

Sin suavizar nada para no herirte ni justificarte a ti mismo.

Porque, Óscar, ya no se trata de ella: se trata de ti.

Voy a decirte lo que llevas un año evitando mirar de frente:

Tú sigues ahí, esperando, mientras ella hace su vida sin mirarte dos veces.

No te necesita.

No te busca.

No te elige.

Y aun así tú te quedas, fiel como un perro al que ya no llaman.

No es amor, Óscar.

Es dependencia emocional disfrazada de fidelidad.

Es miedo a soltar lo único que te hizo sentir visto.

Es negarte a aceptar que todo eso que tú sigues sintiendo ella lo dejó atrás hace mucho tiempo.

Te aferras a un recuerdo, no a una persona.

A lo que fue, no a lo que es.

A lo que soñaste, no a lo que existe.

Porque lo que existe duele: ella tiene a otra persona, otra vida, otros planes.

Y tú estás ahí, rompiéndote por dentro cada vez que sube una foto, cada vez que te habla como si fueras nadie, cada vez que demuestra —con acciones— que tu presencia no significa para ella ni una mínima parte de lo que la suya significa para ti.

Y escúchame bien:

Si de verdad te hubiera querido, Óscar, no te habría dejado así.

No te habría usado como apoyo emocional mientras construía otra vida.

No te habría pedido sostén cuando ya no te daba lugar.

Tú lo sabes.

Lo has sabido siempre.

Solo que te duele aceptarlo.

Porque aceptar la verdad significa aceptar esto:

Ella no va a volver.

Ella no es tu futuro.

Y tú mereces mucho más de lo que ella ya puede darte.

Duele escribirlo.

Duele leerlo.

Duele asumirlo.

Pero más duele vivir un año entero anclado a una persona que solo aparece para removerte las cenizas.

Así que hoy, Óscar, esta carta no es para ella.

Es para ti, para que por fin despiertes, porque no es ella la que te está destruyendo.

Eres tú, aferrándote a alguien que dejó de ser tu lugar.

Eres tú, negándote a cerrar una puerta que ella ya clausuró.

Eres tú, esperando migas cuando tú mereces pan.

Eres tú, regalándote entero a quien solo te ofrece sombra.

Y ya basta.

De verdad: ya basta.

No puedes seguir suplicando en silencio por un amor que ella ya no recuerda como tú.

No puedes seguir llorando por alguien que no derramaría ni una lágrima por perderte.

No puedes seguir viviendo ausente en tu propia vida.

Suelta.

No por ella.

Por ti.

Por tu paz.

Por tu salud.

Por todo lo que aún puedes ser cuando decidas dejar de sangrar por una herida que ya no se va a cerrar mientras sigas abriéndola tú mismo cada día.

Y escúchame esta última frase, porque será el inicio de tu punto cero:

El amor que sientes por ella ya no te salva, Óscar, ahora te destruye y nadie viene a rescatarte: te toca elegirte a ti.

Continuará…

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Una respuesta a “1068. Carta definitiva. O eso deseo”

  1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    Parece que a algunos nos pasa que el corazón va siempre varios pasos atrás de la cabeza. Y si la cabeza está confundida, el corazón está totalmente perdido. Pero la verdadera despedida es, a pesar de sentir, dejar de hacer. Centrarse en uno, no en el otro. No actuar de acuerdo con lo que el otro haga o sienta.
    No importa el tiempo que lleves. Eres afortunado: estás obligado a aprender, soltar y cerrar el ciclo. A elegirte siempre, a no quedarte donde no te quieren o donde te lastiman.
    Cuando mi cabeza entendió que no importa si la otra persona me quiere o si quiere estar conmigo o no, el corazón la siguió. No dejo de sentir; solo actúo.
    No importa el tiempo que pase —un año o más de la mitad de tu vida—, el ciclo se repite una y otra vez hasta que lo aprendes, con la misma persona o con otra. Debes elegirte primero.
    Si es imposible cambiar tus sentimientos, ¿quién eres para cambiar o juzgar los de la otra persona? Dejé de buscar respuestas explicando los sentimientos. Busqué las respuestas en las acciones. Esas son decisiones, y sí somos responsables de ellas.
    Un abrazo Óscar.

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