1069. El día en que empecé a escribir para no romperme

By

Prólogo

Nunca pensé que escribir salvaría algo de mí. Mucho menos imaginé que un día, sin buscarlo realmente, terminaría construyendo un espacio que se convertiría en una especie de hogar emocional. Un lugar donde dejar lo que no sabía decir en voz alta, donde ordenar lo que llevaba demasiados años escondido.

Pero todo comenzó por un motivo mucho más desgarrador y menos glorioso: intentando recuperar un amor que en realidad ya no estaba.

No se estaba yendo.

No se estaba apagando.

Ya se había ido.

Y yo… yo solo no lo sabía todavía.

Aún seguía ahí físicamente, aún cruzábamos palabras, aún había gestos que parecían decir “quédate”, pero la verdad ya estaba escrita mucho antes de que yo empezara a escribir en este blog. Ella ya había elegido otro camino, ya había puesto su futuro en otras manos, ya había cerrado “nosotros” sin tener el valor de decírmelo.

Y aun así… dejó una puerta entreabierta.

Lo justo.

Lo suficiente.

Lo necesario para que yo siguiera detrás.

Como quien sostiene una promesa callada, una esperanza mínima, esa “zanahoria colgando delante del caballo” que hace avanzar incluso cuando no hay destino real al que llegar.

Y yo avancé.

Corrí.

Me dejé la piel.

Intentando recuperar algo que ya no existía.

Intentando demostrar un amor que nunca fue comprendido.

Intentando salvar a quien no quería ser salvada.

Intentando hablar desde un corazón al que nadie estaba escuchando.

Ese fue el origen de Desde mis cenizas: no un acto de valentía, sino un acto desesperado de amor.

Quise explicarle mi mundo interior a quien ya no quería vivir en él.

Quise abrir mis heridas para que ella entendiera por qué actuaba como actuaba.

Quise poner palabras a algo que me estaba matando por dentro.

Y cuando no funcionó —porque nunca pudo funcionar—, este blog dejó de ser un intento de recuperar a alguien… y se convirtió en un intento de recuperarme a mí.

Lo que empezó como un mensaje hacia ella terminó siendo un espejo hacia mí.

A lo largo de este año, este lugar me ha visto caer, romperme, levantarme, recaer, aprender, escribir, borrar, reinventarme y descubrir cosas que jamás imaginé: mis heridas, mi alexitimia, mi necesidad de sentir, mi capacidad de amar, mi tendencia a sostenerlo todo, mi forma de vaciarme por dentro.

Y hoy, un año después, sigo aquí.

Escribiendo.

Reconstruyéndome.

Intentando soltarla.

Intentando soltarme.

No sé qué viene después.

Pero sí sé que este blog fue mi primer paso hacia algo que aún estoy aprendiendo a llamar: mi vida.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario