1070. Un año después: lo que no sabía que estaba empezando

By

Introducción

Cuando escribí la primera palabra en este blog, no sabía que estaba iniciando un proceso que me cambiaría la vida. No lo pensé como un proyecto, ni como un refugio, ni como un camino de crecimiento personal. Para mí, en aquel momento, era una cuerda a la que agarrarme para no caer.

Un intento de explicarme, de justificarme, de mostrar algo que nunca supe mostrar fuera de estas páginas.

Yo solo quería que ella entendiera quién era yo de verdad.

Nada más.

Y nada menos.

Es irónico pensarlo ahora: lo que intentaba salvar por fuera estaba completamente roto por dentro. Ella ya no estaba. Yo sí, pero sin saber quién era. Y el blog nació justo ahí, en medio de ese vacío, como un intento tímido de poner orden a un mundo que llevaba tiempo en ruinas.

Un año después puedo decirlo sin temblar: no estaba escribiendo para recuperarla, estaba escribiendo para no perderme.

Este año ha sido un viaje hacia zonas de mí mismo que nunca había querido mirar.

He aprendido palabras que antes me parecían ajenas: “duelo”, “heridas emocionales”, “apego”, “autocuidado”, “alexitimia”.

Y he descubierto algo todavía más importante: que no saber sentir no significa no sentir; que estar roto no significa no tener valor; que estar solo no significa no ser querido.

En estos 365 días he vivido cosas que jamás habría imaginado:

– He caído más veces de las que puedo contar.

– He avanzado más de lo que soy capaz de ver cuando tengo la mirada nublada.

– He conocido personas que, sin conocerme, me han sostenido.

– He aprendido que escribir también puede ser una forma de respirar.

– He descubierto que pedir ayuda no es rendirse, sino seguir viviendo.

– He tocado fondo y he vuelto a subir, incluso cuando pensé que no podría.

Y, quizá lo más sorprendente: he empezado a creer que puedo construir algo propio.

Hasta estoy trabajando en un plan de negocio.

Yo.

Que hace un año apenas podía sostenerme en pie emocionalmente.

Este blog me enseñó que, aunque mi vida estuviera hecha pedazos, podía hacer algo con ellos. Que cada entrada era un ladrillo, cada desahogo un avance, cada comentario recibido un recordatorio de que no estoy tan solo como creía.

La verdad es que no he salido del dolor.

No he olvidado.

No lo he superado todo.

Pero ya no estoy en el punto de partida.

Y esta es la clave de este año: no soy el mismo hombre que empezó a escribir aquella primera noche.

Hoy veo mis sentimientos con más claridad.

Hoy puedo poner nombre a mis heridas.

Hoy reconozco mis límites.

Hoy sé que puedo cuidarme.

Hoy sé que tengo valor.

Y, sobre todo, hoy sé que no tengo por qué seguir viviendo en un lugar al que ya no pertenezco.

Este blog ha sido un mapa, una brújula, una libreta de viaje, un refugio y un espejo.

Y mañana, cuando empiece el segundo año, será algo más: el testigo vivo de que sigo aquí.

De que sigo creyendo.

De que sigo sanando.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario