Día 2 – Año 2
Seguir donde ya no queda nada
Hay un momento —y llega sin avisar— en el que te das cuenta de que no puedes seguir viviendo en un lugar donde solo duele.
Un momento en el que entiendes que no se trata de ser fuerte, ni de aguantar, ni de esperar… sino de dejar de romperte.
Ese momento me ha llegado hoy.
Porque este segundo año no puede comenzar con las mismas heridas abiertas del primero.
No puedo seguir sosteniendo historias que solo existen dentro de mí.
No puedo seguir quedándome donde ya no soy visto, ni esperado, ni elegido.
Y aunque haya sido yo quien ha aguantado demasiado… hoy también soy yo quien decide poner el límite.
Ya no voy a permitirme seguir donde solo quedan restos.
Ni migajas disfrazadas de cariño.
Ni silencios que duelen más que cualquier palabra.
Ni señales que interpreto para no aceptar lo que es evidente.
Ni una esperanza que me desgasta más de lo que me sostiene.
Se acabó quedarme porque duele irme.
Se acabó justificar lo que me hace daño.
Se acabó amar a costa de mí mismo.
Este Año 2 empieza con una verdad simple, pero definitiva:
No voy a vivir donde me apago.
No voy a amar donde me pierdo.
No voy a quedarme donde ya no queda nada para mí.
Sé que dolerá.
Sé que habrá días en los que mi corazón me pida volver atrás.
Sé que habrá recuerdos que intenten derribarme.
Sé que habrá noches donde mi mente se pregunte “¿y si…?”.
Pero también sé algo más:
Si me quedo donde ya no soy querido,
me pierdo para siempre.
Y no pienso perderme más.
Hoy doy un paso.
Uno firme.
Uno mío.
Y mañana… será otro.
Uno más.
Hasta que mi vida vuelva a ser un lugar donde también haya sitio para mí.
Continuará…
Deja un comentario