Día 2 – Año 2
Hoy he despertado con una certeza que no tenía hace unos meses: puedo seguir adelante incluso cuando algo en mí siga doliendo.
Porque no se trata de borrar lo vivido, ni de fingir que no me importa, ni de hacer como si el pasado no hubiera dejado marcas.
Se trata de entender —al fin— que no puedo seguir perdiéndome a mí mismo por intentar sostener lo que ya no existe.
He pasado demasiado tiempo intentando no soltar.
Intentando encontrar respuestas en lugares donde ya no hay preguntas.
Intentando quedarme en espacios que llevan mucho tiempo diciéndome —en silencio— que ya no son para mí.
Y sí, aceptar eso duele.
Duele más de lo que admito.
Duele incluso cuando parece que “ya debería haber pasado”.
Pero duele, sobre todo, porque en ese intento de sostener, la única mano que seguía apretando era la mía.
Hoy, en este Día 2 de un segundo año que no sé cómo será, empiezo a comprender algo nuevo:
Perder a alguien no es lo que te destruye.
Lo que destruye es perderte a ti intentando retenerlo.
Y yo ya me he perdido demasiadas veces.
Me he vaciado, me he roto, me he culpado, me he cuestionado…
Pero nunca, en ningún momento, me he detenido a preguntarme:
¿Y yo qué?
¿Y mi vida qué?
¿Y mi paz qué?
Hoy me lo pregunto.
Hoy me lo contesto.
Hoy empiezo —de verdad— a recuperar lo que queda de mí.
No porque haya dejado de querer.
No porque haya dejado de sentir.
No porque haya dejado de doler.
Sino porque no puedo seguir viviendo desde una herida que no deja de abrirse cada vez que vuelvo a mirar hacia atrás.
Hoy decido avanzar sin esperar que nadie venga a empujarme.
Hoy decido que mi valor no depende de que alguien regrese.
Hoy decido que mi futuro no puede seguir encadenado a lo que no vuelve.
Esta vez, la firmeza no es orgullo: es supervivencia.
Continuará…
Deja un comentario