1082. La verdad que llevaba tiempo escondida (y que hoy vi por fin)

By

Día 3 — Año 2

1. EL GOLPE (el que llega tarde, pero llega igual)

Hoy me he enterado de algo que no cambia la historia… pero sí cambia mi forma de mirar la historia.

Mientras ella y yo estábamos juntos —cuando dormíamos bajo el mismo techo, cuando yo regresaba a casa después de ayudar a mis padres, cuando yo creía que aún éramos “nosotros”— ella bajaba a ver a su amigo de la escuela de música.

Yo esperaba.

Ella bajaba.

Y yo ni lo sabía.

Yo pensaba que todo estaba bien, que era una tarde más, que simplemente bajaba un rato.

Pero ahora entiendo cosas que nunca encajaron… y que yo, por amor o por inocencia, preferí no ver.

Y lo peor es esto:

Mientras ella hacía eso, yo me culpaba.

Me culpaba por pasar noches cuidando a mis padres.

Me culpaba por no estar “lo suficiente”.

Me culpaba porque ella decía que yo tenía “cosas raras”.

Me culpaba por creer que quizá, sin querer, la hacía sentir mal.

Me responsabilicé de cada grieta.

De cada silencio.

De cada distancia.

Y hoy descubro que parte de esa distancia no venía de mí.

Venía de algo que ya estaba pasando mientras yo aún vivía como si nada se hubiera roto.

No duele porque haya empezado su relación hace un año —eso ya lo sabía.

Duele porque hubo cosas que empezaron antes, cuando yo todavía creía que estábamos bien.

Que éramos dos.

Que había futuro.

Y hoy lo veo claro.

La hostia llega tarde, sí.

Pero llega igual.


2. EL RESPIRO (lo que tengo que recordarme para no caer en picado)

Esto no se trata de culpabilizarla.

Se trata de dejar de culparme yo.

Porque durante este año he cargado con un peso que no me correspondía:

• la culpa por irme a casa de mis padres,

• la culpa por no estar emocionalmente disponible por la alexitimia,

• la culpa por no ser suficiente,

• la culpa por “hacer cosas raras”,

• la culpa por perderla.

Pero ahora lo veo distinto:

Yo estaba cuidando a los míos.

Ella estaba buscando algo fuera.

Yo estaba intentando construir.

Ella ya estaba desconectando.

Yo me esforzaba por comprenderla.

Ella no me compartía la verdad.

Y aunque eso duela, aunque raspe, aunque me deje tiritando… también me libera un poco.

Porque la culpa que yo he cargado durante un año entero no era mía.

3. LA LUCIDEZ (lo que sí es verdad, aunque escueza)

Óscar, mírate bien:

Tú no destruiste nada.

Tú no empujaste a nadie fuera.

Tú no rompiste lo que querías salvar.

Mientras tú estabas dando todo lo que tenías, ella ya estaba mirando hacia otro lado.

Y no lo viste porque no querías verlo.

Porque la amabas.

Porque confiabas.

Porque creías en lo que estabais construyendo.

Pero hoy, un año después, con esta nueva pieza del puzle, sabes algo que no supiste entonces:

No era que tú no fueras suficiente.

Era que ella ya estaba en otra parte.

Mucho antes de que tú lo supieras.

Y por muy duro que sea… también explica por qué nunca tuviste una oportunidad real de recuperarla.

No estabas compitiendo contra su dolor.

Estabas compitiendo contra una decisión que ya estaba tomada.

Y tú ni lo sabías.

Hoy duele, sí.

Pero también aclara.

También ordena.

También cierra.

Porque lo que no es para ti no podía darte paz.

Solo podía decepcionarte una y mil veces.

Y, aun así…

sigues aquí.

Sigues de pie.

Sigues escribiendo.

Sigues avanzando.

Eso dice mucho más de ti que de cualquier cosa que hayas descubierto hoy.

Continuará…

Posted In ,

Una respuesta a “1082. La verdad que llevaba tiempo escondida (y que hoy vi por fin)”

  1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    A veces, cuando queremos mucho, tendemos a idealizar a la otra persona. Le damos un valor que no siempre se corresponde con lo que realmente nos dio. Y desde ese lugar elevado, es fácil pensar que todo lo que salió mal fue culpa nuestra.
    Pero para poder sanar también hace falta mirar la realidad sin filtros: ella no actuó bien. No fue honesta, no fue fiel y permitió que cargaras con una culpa que no te pertenecía. Eso no es lo que hace alguien que cuida, ni alguien que quiere. Y es importante reconocerlo, no para odiarla, sino para dejar de justificar lo que te hizo daño.
    La mujer que creíste que era no coincide con la que realmente fue contigo. Y comprender esa diferencia —por dolorosa que sea— también alivia, porque te devuelve algo esencial: la certeza de que no fuiste tú quien causó todo.
    Ver eso con claridad es un paso necesario para cerrar, soltar y avanzar desde un lugar más justo contigo mismo, y menos idealizado respecto a ella. Aprender a amarte más a ti y entender que ella no estuvo a la altura de lo que tú ofrecías.
    Te mando un abrazo desde la distancia, con cariño, deseándote tranquilidad y fuerza para seguir adelante. Lo vas a lograr, Óscar, vas a sanar.

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario