1088. Lo que estos primeros días me han enseñado

By

Día 5 — Año 2

Estos días del Año 2 no han sido fáciles.

Ni suaves, ni lineales, ni tranquilos.

Han sido una mezcla rara entre recaídas, avances, revelaciones y golpes que no esperaba recibir… pero que, de alguna manera, necesitaba.

Este comienzo de año emocional ha sido como abrir una ventana que llevaba demasiado tiempo cerrada: el aire entra frío, incómodo, incluso molesta. Pero también permite que se vaya lo que estaba viciado.

Y eso es exactamente lo que ha pasado.

He tenido que enfrentarme a verdades que llevaba más de un año intentando ignorar.

Verdades que me dolía incluso imaginar.

Verdades que han cambiado por completo la manera en la que veo mi historia.

Pero hoy, por primera vez, no lo siento como una tragedia personal.

Lo siento como una liberación.

Porque estos días me han dejado claro algo que llevaba demasiado tiempo sin poder aceptar:

Mi dolor no nació de haber perdido a alguien bueno, sino de haberme aferrado a una versión de amor que nunca existió.

He vivido un año entero creyendo que la ruptura fue culpa mía.

Creyendo que era yo quien tenía que mejorar, cambiar, reparar, justificar.

Creyendo que tener alexitimia me convertía en el villano de una historia donde en realidad yo era el que amaba limpio.

No sabía que mientras yo reconstruía mi mundo para demostrar amor, en el suyo ya había otra vida, otras decisiones, otros silencios.

Eso antes me habría destruido.

Hoy, en cambio, me coloca en mi sitio.

No para hundirme, sino para despertar.

Porque estas revelaciones, aunque me han removido el alma, también me han permitido algo que llevaba meses necesitando sin saberlo: dejar de culparme.

Dejar de exigirme imposibles.

Dejar de justificar un abandono como si fuese un castigo por mis defectos.

Dejar de sostener una historia que, en realidad, era yo sosteniéndola solo.

Estos cinco días del Año 2 me han mostrado que no estoy en el mismo punto.

Que no estoy ciego como antes.

Que no estoy engañado como antes.

Que ya no camino detrás de migas.

Que ya no vivo esperando un gesto que nunca llegará.

Que ya no soy ese hombre roto que se culpaba por todo.

Estoy abriendo los ojos.

Tarde, sí.

Dolido, por supuesto.

Pero despierto.

Y aunque ahora todo parezca confuso, aunque sienta rabia, tristeza y decepción al mismo tiempo… sé que esto es bueno para mí.

Porque la verdad, por muy dura que sea,

siempre libera.

Siempre coloca.

Siempre empuja.

Siempre limpia.

Y hoy, aunque no pueda celebrarlo, sé que esto es el principio de algo distinto.

Algo que lleva mi nombre.

Algo que por fin no depende de nadie más.

Algo que, con el tiempo, será más mío que todo lo que perdí.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario