La verdad sin filtros
Durante mucho tiempo pensé que esta carta era para ti.
Pensé que eras tú la persona a la que había fallado, la que había herido, la que no supe cuidar.
Me culpé de todo.
De cada silencio.
De cada torpeza.
De cada gesto que no te di y de cada palabra que no supe pronunciar.
Me destripé emocionalmente para justificar un final que ya estaba decidido antes de que yo siquiera entendiera lo que pasaba dentro de mí.
Pero hoy, con la verdad escupida en la cara, con el rompecabezas completo por fin (aunque tarde, aunque duela), puedo decirlo sin rodeos:
No eras tú la herida.
Eras tú la grieta.
La herida siempre fui yo.
No te fallé.
Me fallé.
No te destruí.
Me destruí intentando salvar algo que tú ya habías abandonado hace tiempo.
No te hice daño.
Me hice daño soportando cosas que ahora sé que jamás debí permitir.
Llevo un año pidiendo perdón por un crimen que no cometí.
Cargando culpas que no eran mías.
Reprochándome no haber sido suficiente… cuando la realidad es brutalmente simple:
Nunca dependió de mí.
Nunca estuvo en mis manos.
Nunca fui yo el que rompió nada.
Yo confiaba mientras tú ya estabas en otra vida.
Yo esperaba mientras tú ya habías elegido otro camino.
Yo hacía malabares para sostener un futuro que tú ya habías derrumbado sin decírmelo.
Y aun así… fui yo quien se arrodilló emocionalmente, quien pidió perdón, quien creyó que merecía el trato que estaba recibiendo.
Hoy me miro a la cara —sin suavizar, sin adornar— y lo veo claro:
A quien más he lastimado ha sido a mí.
Por creerme menos.
Por ponerme el último.
Por amar a quien jugó con mi amor.
Por cargar culpas ajenas.
Por no detenerme antes.
Por no defenderme.
Por seguir corriendo detrás de alguien que ya ni siquiera miraba atrás.
No escribiré más cartas de arrepentimiento para quien no las merece.
Ni una más.
Esta es la última.
Y no va dirigida a ti.
Va dirigida al único que realmente necesitaba escucharla:
Lo siento, Óscar.
Lo siento por haberte abandonado mientras perseguías algo que ya no existía.
Lo siento por haberte tratado peor de lo que nadie jamás te trató.
Lo siento por haberte dejado solo en el lugar donde te rompieron.
Hoy ya no te voy a pedir perdón.
Hoy te voy a prometer algo:
Nunca más.
Nunca más mendigar amor.
Nunca más sostener lo que no te sostiene.
Nunca más cargar culpas que no te pertenecen.
Nunca más apagar tu luz para iluminar a quien vivía en sombras.
A quien más lastimé fue a mí.
Y a quien más voy a cuidar… también será a mí.
Continuará…
Deja un comentario