Día 5 – Año 2
Cinco días.
Solo cinco.
Y aun así, siento que he vivido un terremoto emocional completo.
Quise empezar el Año 2 con firmeza, con dirección, con límites.
Y lo hice.
Pero la vida decidió que también era el momento de colocar enfrente de mí una verdad que llevaba más de un año esperando.
Esta primera semana del Año 2 ha sido corta en días… pero inmensa en revelaciones.
Día 1 — El aniversario
Un año escribiendo.
Un año sin fallar ni un solo día.
Un año intentando soltar a alguien que no me soltó bien.
Y ese día entendí algo simple, pero grande:
este blog no nació por ella, nació para salvarme a mí.
Día 2 — La firmeza
Decidí que esta semana sería para poner límites.
Para hablarme claro.
Para dejar de justificar a quien nunca me justificó a mí.
Fue un día de fuerza interior, aunque por dentro temblara.
Día 3 — La hostia sin aviso
La revelación.
El golpe que nunca pedí… pero que necesitaba para despertar.
Después de un año entero sintiéndome culpable, creyendo que mis ausencias para cuidar a mis padres habían “despertado sospechas”, pensando que yo había provocado inseguridades…
Descubro que mientras yo esperaba en casa, ella bajaba a ver a “un amigo” de la escuela de música.
No era yo el que hacía cosas raras.
No era yo el que escondía nada.
No era yo el que rompió algo.
Ese día la piel dejó de engañarme: me había estado castigando por algo que nunca hice.
Día 4 — La música que te señala
Camino al trabajo, el móvil decide poner “Un millón de cicatrices”.
Otra vez señales.
Otra vez verdades envueltas en canciones.
La vida tiene una forma curiosa de ponerte frente al espejo cuando menos lo esperas.
Día 5 — Hoy
Hoy cierro la primera semana del Año 2 con una claridad que hace meses habría deseado tener:
No perdí al amor de mi vida.
Perdí la idea que había construido de ella.
Perdí una historia en la que yo creía… y ella no.
Hoy ya no cargo culpas que no me corresponden.
Hoy ya no sostengo un relato falso.
Hoy ya no miro atrás pensando “si yo hubiera hecho…”.
No.
La verdad, por fin, ha hecho su trabajo: romper la venda.
Y sí, duele.
Pero, por primera vez, duele limpio.
Duele sin culpa.
Duele sin engaño.
Duele sin mentiras.
Epílogo
Lo que empieza ahora no es un año: es una vida nueva
Si algo me ha enseñado esta semana es que a veces necesitas un golpe para ver claro.
Hoy tengo rabia, decepción, tristeza y alivio mezclados.
Pero también tengo algo que hace mucho no tenía: perspectiva.
Y aunque este comienzo del Año 2 ha sido corto en días, ha sido enorme en verdad.
El resto… lo iré construyendo paso a paso.
Sigo.
Como siempre.
Pero ahora… por fin, hacia adelante.
Continuará…
Deja un comentario