Tengo miedo de volver a sentir.
De abrirme.
De fallar.
De no estar a la altura.
De repetir patrones que ya conozco demasiado bien.
Pero este miedo no viene del amor.
Viene del daño que me hice a mí mismo durante años: callándome, cediendo, huyendo, antes de enfrentar lo que sentía.
Siempre he tenido miedo de hacerle daño a otros… y nunca me di cuenta de todo lo que me hacía a mí.
Hoy lo veo claro:
No volveré a entregarle a nadie un corazón que yo mismo no sea capaz de sostener.
No volveré a abrir una puerta si entrar significa perderme de nuevo.
No volveré a querer si antes no aprendo a quererme.
Porque por primera vez, lo sé: el primer amor que tengo que cuidar es el mío.
No puedo controlar quién se queda o quién se va.
Pero sí puedo controlar algo: que yo no me vuelva a abandonar.
Hoy no sé qué vendrá.
No sé qué caminos abriré.
No sé quién llegará a mi vida en el futuro.
Pero sí sé esto:
El próximo amor —sea quien sea— encontrará a un hombre que ha aprendido a elegirse.
Y eso lo cambia todo.
Eso es un punto de partida real.
Eso es, por primera vez, un lugar seguro.
Para mí.
Y para quien venga después.
Continuará…
Deja un comentario