Ayer fue uno de esos días que parecen arrastrarse por el cuerpo, por la mente y por dentro.
No pasó nada extraordinario, nada que se pueda señalar con el dedo y decir “fue por esto”.
Pero aun así… todo pesó el doble. O el triple.
Y lo más extraño es que no hice nada.
Nada productivo.
Nada que merezca contarse.
Nada que justifique ese cansancio que se me quedó clavado en los hombros y en la respiración.
Y sin embargo, estuve agotado todo el día.
Hay días así.
Días en los que despertarse ya es una batalla.
En los que el simple hecho de existir parece un esfuerzo que no se ve, que no se reconoce, que no se comparte.
Días en los que el silencio interior hace más ruido que cualquier tormenta.
Ayer me noté lento. Vulnerable.
Me costó pensar con claridad, actuar con normalidad, sostener el ritmo que suelo llevar aunque vaya roto por dentro.
Me quedé sin fuerzas incluso para aparentar que estaba bien.
Y quizá eso fue lo que más dolió:
darme cuenta de que ni siquiera podía sostenerme a mí mismo.
Pero también entendí algo que no quería aceptar:
no todos los días tienen que ser días de lucha.
No todos los días tienen que ser días de “poder con todo”.
Hay días que solo se sobreviven, días que solo se transitan, días que simplemente pasan… y en su pasar, enseñan.
Ayer me recordó que soy humano, que estoy herido, que estoy intentando reconstruirme mientras sigo caminando entre los restos de lo que un día fui.
Y, aunque me moleste admitirlo, ese cansancio también habla de todo lo que he aguantado, de todo lo que he sostenido, de todo lo que he callado para no romperme del todo.
Ayer no fui fuerte.
Ayer no fui valiente.
Ayer no avancé.
Pero aquí estoy hoy, respirando, levantándome poco a poco, encontrando otra vez el pulso.
Y eso, aunque parezca poco, aunque parezca insignificante… también es seguir.
No siempre hay que brillar.
A veces basta con no apagarse del todo.
Hoy empiezo de cero, otra vez.
Con el cansancio a cuestas, sí.
Con el corazón magullado, también.
Pero con la certeza de que, incluso en mis días más grises, sigo aquí.
Y mientras siga aquí, queda camino.
Continuará…
Deja un comentario