1106. Un día medio vivido

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Hoy no tengo grandes historias que contar.

Ni conclusiones profundas.

Ni revelaciones incómodas.

Hoy sólo tengo un cuerpo que se quejó tanto que me obligó a frenar.

He pasado la mayor parte del día entre dolores, un pinchazo que me dejó medio dormido y una nube que me envolvió sin pedir permiso.

El mundo siguió girando… pero yo no podía acompañarle el ritmo.

Y quizá está bien reconocerlo: hay días que no se viven, solamente se atraviesan.

Días en los que el cuerpo dice “basta” y la mente le hace eco en silencio.

Días en los que las preocupaciones siguen ahí, pero no tienes fuerza ni para mirarlas a los ojos.

Hoy fue uno de esos días.

Un día en pausa.

Un día que no brilló, pero tampoco destruyó.

Solo pasó.

Y aunque una parte de mí quiera escribir más, sentir más, ordenar más, creo que hoy lo más honesto que puedo hacer es esto: dejar constancia sin exigirme nada.

Quizá mañana, cuando el cuerpo me deje respirar mejor, el corazón también tenga algo que decir.

Hoy, simplemente… descansé.


Hay días que sostienen y días que duelen.

A veces, solo hay que dejarlos pasar.

Continuará…

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