Hay un mensaje que llevo tiempo escuchando por ahí, repetido como un mantra que nadie cuestiona:
“Ten cuidado con los hombres que han estado solos y rotos mucho tiempo. Son los más peligrosos.”
Y cada vez que lo oigo, pienso lo mismo:
No tienen ni idea.
Peligroso no es quien ha roto, ni quien ha sido roto.
Peligroso es quien nunca se ha mirado por dentro.
Quien nunca se ha cuestionado nada.
Quien repite patrones sin hacerse cargo.
Quien juega con sentimientos ajenos porque nunca detuvo su mundo lo suficiente como para sentirlos de verdad.
Los que hemos estado solos un largo tiempo no somos peligrosos.
Somos conscientes.
Somos más lentos para confiar, sí.
Somos más cautos, también.
Nos cuesta abrir la puerta porque sabemos lo que supone que entre alguien y, después, se vaya.
Pero lo que nadie dice es esto:
Los que estuvimos rotos aprendimos a amar distinto.
Aprendimos que no queremos mitades.
Que no queremos migajas.
Que no queremos sobrevivir dentro de una historia que nos apague.
Aprendimos que el amor no puede ser un campo de batalla.
Y que cuando vuelva —si vuelve— lo queremos limpio, sano, y recíproco.
No somos peligrosos.
Estamos reparando piezas.
Estamos revisando las grietas.
Estamos reconstruyendo la forma en la que nos miramos a nosotros mismos.
Y aunque todavía duela a veces, aunque la memoria juegue sucio, aunque el corazón siga teniendo su nombre tatuado en lugares donde no llega la lógica…
aun así seguimos avanzando.
Porque lo que pocos entienden es que una persona rota que decide levantarse no vuelve a amar igual que antes: vuelve a amar mejor.
Con más paciencia.
Con más calma.
Con más verdad.
Con menos ruido.
Con más límites.
Y, sobre todo, con una enorme capacidad de cuidar… porque sabe lo que se siente no haber sido cuidado.
No somos un peligro.
Somos un proceso.
Y en mi caso —en este punto exacto de mi vida— aún estoy aprendiendo a sostenerme, a comprenderme, a perdonarme, a soltar lo que no vuelve y a reconstruir lo que queda.
Pero sé algo con una certeza que no tenía hace un año:
“Cuando vuelva a amar, lo haré desde un lugar al que solo se llega después de haberse roto.
Y eso… no es peligroso.
Es valioso.“
“Quien regresa de su propia ruina no ama con prisa… ama con propósito.”
Continuará…
Deja un comentario