Hoy no ha pasado nada extraordinario.
No ha habido decisiones definitivas, ni revelaciones épicas, ni giros de guion.
Pero sí ha pasado algo importante.
A veces basta una conversación para que el mundo no cambie…
y, aun así, tú lo mires distinto.
Hablar con alguien que no intenta convencerte, ni salvarte, ni decirte lo que deberías sentir, tiene algo profundamente reparador. Alguien que no te empuja, pero tampoco te deja caer. Que no tapa el dolor, pero tampoco lo agranda. Que simplemente te ofrece otro ángulo desde el que mirar lo mismo que llevas tiempo mirando siempre desde el mismo sitio.
Y de pronto entiendes que quizá no estabas equivocado.
Que quizá no estabas roto.
Que quizá solo estabas demasiado solo sosteniendo cosas que nunca debieron pesar solo sobre ti.
Hoy no he sentido euforia.
He sentido alivio.
Ese alivio silencioso que llega cuando el miedo sigue ahí, pero ya no gobierna.
Cuando el cansancio no desaparece, pero deja de doler tanto.
Cuando no sabes exactamente hacia dónde vas, pero empiezas a notar que quedarte donde estabas ya no era una opción honesta.
No necesito respuestas hoy.
Me basta con saber que existen otras miradas.
Otros ritmos.
Otras formas de atravesar lo mismo sin perderme a mí en el intento.
Hoy no ha pasado nada extraordinario.
Pero algo dentro se ha movido.
Y eso, algunas veces, es suficiente.
Continuará…
Deja un comentario